1984. (Relectura). (Reseña #77.1).

 



Volver a las páginas de 1984 no es una lectura, es un ajuste de cuentas. La primera vez que pasé por aquí, me asustó el ojo del Gran Hermano; hoy, que estoy enamorado, lo que me aterra es el silencio del corazón de Winston. Esta relectura ha sido un viaje casi místico por las cámaras de un alma que intenta sostenerse en pie mientras el mundo le grita que no existe.


La trama es el lienzo de una demolición. Winston Smith no solo lucha contra un sistema político; lucha contra el vacío. Y en ese vacío, el amor no es un adorno, es la última frontera del ser. Si esta obra es densa, es porque nos muestra que el poder no quiere tu cuerpo, quiere la energía que usas para amar, porque esa energía es la única que no puede controlar.


He visto este libro como un prisma de cuatro caras, cuatro formas de amor que definen nuestra existencia:


1. El Amor de Raíz (La Madre): Es ese amor que es puro recuerdo, una luz al final de un túnel de escombros. Winston busca a su madre en sus sueños, no como una persona, sino como un estado de gracia donde el sacrificio era instintivo. Es el amor que te da un nombre antes de que el Estado te dé un número. Si olvidas este amor, dejas de ser un hijo del pasado para convertirte en un huérfano del sistema.


2. El Amor de Forma (Katherine): Es el amor que da náuseas. Ese "deber al Partido" de estar con alguien sin alma, sin tacto, sin presencia. Es la cáscara del vínculo. Me hace pensar en cuántas veces permitimos que el amor se convierta en una burocracia, en una inercia gris que nos mantiene acompañados pero profundamente solos. Es el amor convertido en un cementerio de deseos.


3. El Amor de Acción (Julia): Aquí es donde me pongo cursi, porque es donde el libro respira. Con Julia, el amor es una explosión en la oscuridad. No es solo sexo, es soberanía. Amarse en secreto es el acto terrorista más bello que existe; es crear un universo de dos donde el Gran Hermano no puede entrar. Es recuperar la piel, el olor, el sabor de la verdad. En ese cuarto encima de la tienda de antigüedades, Winston y Julia no solo se besan, se reconstruyen. Es el amor que te dice: "Existes, porque yo te miro".


4. El Amor de Ruptura (El Gran Hermano): El final es el colapso total. La Habitación 101 no es una cámara de tortura, es un templo de inversión. El Partido rompe la geometría del alma de Winston. Al obligarlo a traicionar a Julia, le arrancan su última conexión con lo humano. La frase final, "Amaba al Gran Hermano", es el grito de un muerto en vida. Es el amor convertido en sumisión, cuando te han vaciado tanto que ya solo puedes amar a tu verdugo.



Cierro este libro sabiendo que, mientras pueda elegir a quién entregarle mi alma, el Gran Hermano habrá perdido.


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